2019

Laura Códega, Marian López, Marisa Rubio.

La frialdad quirúrgica de la iluminación azulada contrasta con las formas de las figuras y las situaciones sugeridas en el bar. Entre copas, tazas y ceniceros, maniquíes emulan a mujeres derruidas, borrachas, pasadas de dulces y café. Mujeres trasnochadas y solitarias que hablan de los vacíos emocionales y las esperanzas rotas.

Sobre un piso de damero se sitúa una rocola. En su pantalla se proyectan videos musicales de cantantes femeninas que con sus voces desgarradas develan el artificio de la construcción romántica y dejan en evidencia creencias sobre del amor que actualmente están en decadencia. Un modelo de romance que se resquebraja.  

Puede percibirse un contraste entre las canciones de los setenta  y las de los ochenta. En las primeras se cantaba visualizando un porvenir, en los ochenta ese porvenir ya estaba frustrado, descartado; el romance había sido vejado, la infidelidad se había cruzado. El bar de la Rosa Perdida es una puesta en escena que busca revisar y reversionar la figura femenina en la actualidad.

Septiembre/Agosto de 2019
Galería Mite, Buenos Aires

* * *

“al comienzo era el miedo en la oscuridad”
“de la noche cerrada una mujer espera”
“al hijo que nunca vuelve”
“al padre que nunca vuelve”
“al amante que nunca vuelve”

Se oye un grito:
“aaaaaaaaah”

“al comienzo era el miedo”
“el toro muere y reencarna en un sueño”
“en una pista patinamos con El”
“al principio en la noche”

Se oye un grito:
“aaaaaaaaah”

“mujeres devorando genitales como confites”
“una niña en el bosque”
“una niña sola en el bosque”
“un niño solo con tijeras”
“corta pelo”
“p e rr rr o”