Textos




2018 Bentivegna, Diego (Op. Cit.)
2017 Vignoli, Beatriz (Página12/Rosario)
2016 Silvestri, Carlos
2015 Vignoli, Beatriz (Página12/Rosario)
2015 Milano Questa, Naranja (Mansilla)
2015 Iglesias, Claudio (Baltasara)
2015 Gainza, María (La Maison Rouge)
2014 Shulman, Liv (Diario El Flasherito)
2014 Schevach, Gabriela (Rev)
2013 Cippolini, Rafael (Revista Ñ)
2012 Zuluaga, Natalia (CIFO)
2012 Vignoli, Beatriz (Página12/Rosario)
2012 Katzenstein, Inés (Pul)
2012 Fuentes Guaza, Luisa (CIFO)
2011 Vignoli, Beatriz (Página12/Rosario)
2011 Fernández Irusta, Diana (La Nación/Revista)
2010 Fuentes Guaza, Luisa (Index Box)
2009 Rubio, Marisa (Página12/Radar FAN)
2009 Iglesias, Claudio (CCEBA Texto curatorial)
2009 Iglesias, Claudio (CCEBA Catálogo)
2009 García Navarro, Santiago (Revista Exit)
2008 Villa, Javier (La Nacion/ADN Cultura)
2008 San Martín, Raquel (La Nación/Cultura)
2008 Lebenglik, Fabián (Página12)
2008 Iglesias, Claudio (La Nación/Cultura)
Rubias teñidas 
Federico Klemm. Marisa Rubio. El arte entre la libertad y el subjetivismo profesional.

Claudio Iglesias
Baltasara Editora, octubre de 2015

(Leer frangmento del ensayo)


¿Qué vas a hacer, Don Juan,
con la libertada
ahora que conocés el miedo?
Aleksandr Blok



La que era la gloria del Gaucho Martín Fierro (“vivir tan libre como el pájaro en el cielo”) se convirtió en una condena que todos los artistas sufren por igual: su libertad es una cárcel.

La subjetivación del arte ocurrida a mediados del siglo pasado liberó al artista de toda restricción centrada en objetos, convirtiéndolo en un maestro de ceremonias de su propio trabajo “libre”. Lo dijo con claridad Federico Manuel Peralta Ramos en 1970: “Soy un pedazo de atmósfera”. El artista emancipado de la objetividad vaga como un asombra en los canales de televisión. Su martirio sin peso y su banalidad sólo encuentran forma en la materia tediosa del narcisismo. Los artistas locos, los artistas empresarios, los artistas estratégicos y los artistas burócratas de hoy en día son, todos ellos, monstruos, cada cual encapsulado en sus ilusiones de grandeza, pero todos son versiones imperfectas de un motivo más profundo: el artista entertainer, el creador de entretenimientos.

El artista se vuelve idéntico con su libertad al tiempo que la obra de arte, como categoría, pierde independencia, volviéndose el reflejo de una jugada, una estrategia, una “práctica”. El concepto de arte se reduce entonces al aparato de acceso al arte. Entre los eslóganes del arte contemporáneo, este tema encuentra una formulación convincente: es arte solo aquello, y todo aquello, que se presenta como arte. Para vencer esa reducción, para devolverle al concepto de arte su gravitación sustancial, es necesario reencontrarlo en un ambiente invisible, inaccesible. En otras palabras, hay que disociar al concepto de arte de su aparato de acceso, de su sistema de presentación, de su industria.

Este par de ensayos promueve el retorno de la objetividad estética, para lo que le resulta necesario un diagnóstico de la subjetividad artística contemporánea en sus aporías más nítidas, en primer lugar. En el ensayo final (plausible de ser leído por separado, o al comienzo), la misma categoría de libertad es recursada, quedando solamente las artimañas escapadizas a las que la libertad sirvió de señuelo.

Parte 1: Federico Klemm. Etapas del artista entertainer.
Parte 2: Marisa Rubio. el teatro invisible de Naranja Milano Questa.
Epílogo: Sobre la libertad y la necesidad en el arte.