Textos




2018 Bentivegna, Diego (Op. Cit.)
2017 Vignoli, Beatriz (Página12/Rosario)
2016 Silvestri, Carlos
2015 Vignoli, Beatriz (Página12/Rosario)
2015 Milano Questa, Naranja (Mansilla)
2015 Iglesias, Claudio (Baltasara)
2015 Gainza, María (La Maison Rouge)
2014 Shulman, Liv (Diario El Flasherito)
2014 Schevach, Gabriela (Rev)
2013 Cippolini, Rafael (Revista Ñ)
2012 Zuluaga, Natalia (CIFO)
2012 Vignoli, Beatriz (Página12/Rosario)
2012 Katzenstein, Inés (Pul)
2012 Fuentes Guaza, Luisa (CIFO)
2011 Vignoli, Beatriz (Página12/Rosario)
2011 Fernández Irusta, Diana (La Nación/Revista)
2010 Fuentes Guaza, Luisa (Index Box)
2009 Rubio, Marisa (Página12/Radar FAN)
2009 Iglesias, Claudio (CCEBA Texto curatorial)
2009 Iglesias, Claudio (CCEBA Catálogo)
2009 García Navarro, Santiago (Revista Exit)
2008 Villa, Javier (La Nacion/ADN Cultura)
2008 San Martín, Raquel (La Nación/Cultura)
2008 Lebenglik, Fabián (Página12)
2008 Iglesias, Claudio (La Nación/Cultura)
Una mujer bajo influencia 
Dos o tres ideas sueltas sobre el complejísimo trabajo de Marisa Rubio

Liv Shulman
El flasherito, marzo de 2015

(Versión web)


El tema del cuerpo es un tema muy interesante, en efecto. Un cuerpo puede ser un ladrillo,
un cuerpo puede ser una propuesta de arquitectura, un cuerpo puede ser un cartero con ropa de cartero y un cartero desnudo que equivaldría también a ser un hombre.
un cuerpo de danza
de músicos de la filarmónica
de psicoanalistas
un cuerpo de teorías virtuales sobre la existencia de personas virtuales
Un cuerpo en donde lo único que hace sentido es un cuerpo, repleto de candidaturas inconexas a identidades discursivas, a veces únicamente virtuales
El cuerpo como motor de una performance, a veces viaja en el tiempo hacia atrás y hacia adelante
ahora el cuerpo va a terapia pero bajo dos personalidades diferentes.
La identidad es un tema muy interesante, si
es como la heterosexualidad: no existe
es como una remera: se pone
y como una ilusión de país
La identidad es como la terapia: una definición positiva en la construcción de un cuerpo
la identidad es una interpretación muy libre de uno mismo
en los márgenes del buen gusto

La obra de Marisa rubio es increíblemente compleja y polifacética. Se ataca a condiciones de escarmiento del ser.

Es morocha, tiene los ojos negros. Es rubia, tiene los ojos verdosos del color de las serpientes. Me sirve cerveza en el vaso y dice “ves la botella, yo la veo así, la conozco como botella es lo que me propone la realidad. De repente agarro la botella y hago esto (me sirve más cerveza) y ya no la ves como antes”. Marisa Rubio trabaja hace años en ejercer pequeñas o grandes alteraciones de la realidad sobre variaciones que la misma propone. En su proyecto más reciente se dedica a encarnar una serie de personajes de ficción (6 en total) que viven al unísono una existencia concreta anclada en la realidad. Para que nos entendamos: crea y mantiene un personaje principal que es una actriz que a su vez crea y mantiene al resto de los personajes como parte de una teoría de actuación que ésta por aparecer en el mercado bajo la forma de un libro (próximamente). Son las pequeñas alteraciones de la realidad misma que estipulan un guión sobre el cual se va a montar la artista para convencernos de la existencia de toda una serie de personajes sub inventados a su vez por un alter ego máximo: Una mujer que creó una técnica perfecta de actuación encastrada en los guiones inherentes a la naturaleza de la realidad. Una especie de guión orgánico que es proporcionado por los bordes de las relaciones mismas con las personas. Por ejemplo: durante un año el portero la vería salir tres veces por semana con peluca rubia, y por la condición misma que impone la ambigüedad y el pudor de su ser portero no dirá nada. Una psicóloga verá dos veces por semana a una mujer con peluca pelirroja y no dirá nada. Pero no dirá nada porque el personaje no dirá nada al respecto, y cuando algo es demasiado evidente se hace por lo tanto imposible de hablar y es así como sostenido en el imaginario de sus interlocutores se creará un guión. La teoría del quehacer actoral implica un guión previo y una caracterización del tutor. La teoría del tutor dice: encontrar en el espacio real una persona sobre la que me pueda basar para que se convierta en tutor. Algo así como un director a la distancia. La primera etapa es crear un tutor real, existe y nos ve. La segunda etapa es crear un tutor virtual, alguien que se ve de lejos y sobre quien se depositará el deseo de ser uno la caracterización que se está llevando a cabo. Hay que explicar que durante el tiempo limitado que les dedica por día Marisa Rubio se apaga y estos personajes viven realmente; alimentan sus fantasías, se mantienen gracias al imaginario de la gente con la que interactúan y siguen sus vidas en la virtualidad o en la actualidad. 

Se pueden decir muchas cosas sobre la calidad (dudosa) de la ficción como ficción en tiempos de internet y presentarla como estados alterados de la realidad, pero lo más notorio es que todas esas partes de ficción cotidiana contribuyen al entramado de una realidad personal tan dudosa como los personajes inventados para las fantasías de Facebook. No hace falta jugar a second life, lo más posible es que todos mantengamos una serie amoral de variables en la performance cotidiana del ser. Es decir, es muy difícil en general mantener un estado de coherencia actoral en el mantenimiento básico de todos los días.  Empieza en la más tierna infancia, frente al imaginario de la autoridad o frente al terror parental. Se mantiene en el poder otorgado a psicoanalistas y a porteros más o menos creativos. Se excita al mentir por internet y pretender ser una gorda caliente y se mantiene en el trabajo ante la imposibilidad de putear al jefe. El método de la misteriosa Marisa Rubio se basa en el accionar de prácticas artísticas de reinterpretación performática de un cotidiano. Organiza su vida en torno a los múltiples trabajos de ser varios personajes a la vez, todos sostenidos por ella. La técnica Rubio hace que todo esto se trate de una actividad artística y no de teatro. No es teatro porque no es actuación, y si es actuación, no es más actuación que la que hago yo con mi novio, con mi papá, con mi hermana, con mis alumnos, es decir, categorías de la performance del ser una persona.

Esto no es teatro, porque el teatro implica un número consciente de espectadores. Es más bien una reflexión sobre la versatilidad y la representación de lo real. A través del trabajo de Marisa Rubio diferentes estados de consciencia pública y privada se irán formando. Este tipo de actividad mental nos traslada a una verdadera pregunta sobre las posibilidades de la psicología como herramienta de fomento en la ficción de la construcción de la individualidad. Si nos basamos en la teoría del couch ontológico y parapsicologo especialista en marketing empresarial Nick Covensky sabremos que el concepto de psicología como experiencia individual sujeta a antiguos traumas de la infancia generados por los padres es erróneo. Eso mismo podría sostener Marisa sobre la importancia que se le otorga a la construcción y sostenimiento de una individualidad sostenida.

Según Covensky la psicología es colectiva e universal, y está sujeta a las más básicas reglas del mercado. No hay manera de imaginar lo que un sólo personaje haría si no estuviese sujeto a la pluralidad de estados performáticos de la realidad. Covensky no cree en la psicología tradicional que dice que todos debemos ser responsables de nuestros propios sueños sino que asegura que todas las cosas son el resultado de un lento avanzar del Universo por sobre los inconscientes particulares llevándolos a inconscientes colectivos. Esto mismo se pregunta la obra de Marisa sobre cuestiones de poder o efectividad  que pueda tener una persona (como un psicoanalista) sobre otra. Covensky no cree verdaderamente en el Otro como forma especular sino que sostiene el concepto de amalgamamiento o transferencia completa. Esto sería una especie de guión sostenido por al menos dos imaginarios a la vez, una suerte de Follie à Deux, caso completamente ordinario que se repite todos los días.

Finalmente prevalece la idea de que en la construcción de una identidad artística hay una multiplicidad de formas de consciencia que sostener frente a la necesidad colectiva de que estas conciencias existan en una sola obra de arte. No es solamente el caso de Marisa pero es representativo en el caso de Marisa: ¿cómo mostrar esta obra de arte? ¿y si fuera en otro lugar que la galería o el museo? El arte se inscribe en el mundo solamente desde su poder transformados. La garantía de la Fe la llama Covensky.

¿Debería ser bajo forma de película, el programa más completo que tiene el mundo para la propaganda de la realidad? ¿Una retrospectiva de locura habitada por cientos de espacios vitales para cada personaje? La retrospectiva que Rubio imagina tendría que contar con varias muestras a la vez con distintos tipos de públicos con distintos tipos de consciencia. Una muestra que, por su complejidad, se vaya acercando cada vez más a lo irrealizable. O tal vez sería una muestra que se va fragmentando y reconstruyendo. Afortunadamente y como dice una de sus personajes, hay lugar para todos en este mundo.