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2008 Iglesias, Claudio (La Nación/Cultura)
Jerarquización, debate y curaduría 
"Un Salón con mucha obra muy diferente termina siendo un bazar", considera la curadora e integrante del jurado de esta LXV edición, que puede visitarse en el Museo Castagnino y en la que se evidencia la búsqueda por su renovación

Beatriz Vignoli 
Página12/Rosario, enero de 2012

(Versión web)


Dos martes atrás, en estas páginas se reseñaron los premios y demás obras expuestas del LXV Salón Nacional de Rosario 2011, que puede visitarse en el Museo Municipal de Bellas Artes "Juan B. Castagnino" (Oroño y Pellegrini). En un fallo unánime pero que fue objeto de polémica por parte de artistas locales, de entre unas 600 carpetas presentadas, se seleccionaron 17, por 14 artistas: Marisa Rubio, Mariana Telleria (primer y segundo premio respectivamente), y los premios estímulo Nicolás Mastracchio, Eduardo Alcón Quintanilha y Belén Romero Gunset, además de ocho "premiables" y una obra de Cecilia Szalkowicz recomendada por el jurado al Museo para su adquisición.

El riguroso jurado de selección, formado por Nancy Rojas (coordinadora del área de colección de arte contemporáneo y curadora del Museo Castagnino+Macro) y los críticos Claudio Iglesias y Javier Villa, buscó, según la página institucional del Museo, "jerarquizar al certamen" en un "ejercicio de curaduría y debate sobre la escena artística actual". Para ello tomaron "como punto de partida la necesidad de volver a discutir los fundamentos de los concursos de arte contemporáneo y los salones nacionales". Para hacer pública esa discusión, Rosario/12 entrevistó a Nancy Rojas, que recordó: "El Museo había generado la propuesta de renovar el Salón".

"En julio, con Marcela Römer (directora del Castagnino+Macro), el equipo curatorial del museo y las coordinadoras, sobre todo, pensamos que había que cambiar las bases del Salón --explicó--. Queríamos apuntar a que hubiera mejores presentaciones, por lo cual se aumentaron los importes de los premios, se bajaron la cantidad de premios adquisición y se aumentaron los premios estímulo. Para subir los premios, se estableció la posibilidad de asociarse con otras entidades: una asociación entre el Gobierno de la Provincia de Santa Fe y la Asociación Empresaria de Rosario para el primero, y el segundo mediante otra entre el Fondo Nacional de las Artes y la Municipalidad de Rosario. El tercero es un premio que da la Fundación Castagnino, se les da a los artistas 6 mil pesos para que los gasten en una exposición en el Macro. El cuarto se armó con un grupo de coleccionistas de Rosario: eso es nuevo, nuevísimo, es un pasaje a Berlín y viáticos. Otra cosa que cambiamos es que pueden presentarse obras efímeras al Salón".

¿A qué se deben estos cambios?

Fui jurado en los últimos años de casi todos los salones de Rosario y en mi experiencia la calidad de lo que llegaba no era todo de una calidad que fuese para ser mostrado en el Museo o incorporado en una colección. La sensación era que terminábamos las reuniones con muchas dudas. Teníamos la sensación de que no había una conciencia, en muchos de los artistas, sobre lo importante que era el Salón Nacional. Por otra parte los premios eran bajos, y tal vez por eso los autores no mandaban las mejores obras. Por otra parte hay una especie de crisis. Iglesias, Villa y yo dijimos: "Démosle la oportunidad a los que realmente nos parezca por unanimidad que son obras realmente premiables o artistas jóvenes con una posible proyección".

Cuando nacen los salones, entraba todo para brindar un panorama.

Pero antes no existían los espacios de arte independientes. Ahora tenemos muchas más instancias de premiación. No había la conexión que hay ahora. Accedemos a información y ahora podés mandar a concursos en cualquier otro lugar del mundo. En Rosario, cuando arrancaron los salones en el siglo XX, era otra la situación. El Museo nace en 1937 como museo. Se necesitaba estimular mucho más la producción de arte.

En 1913 fue el gran punto de partida de los salones en Rosario.

Yo creo que era otro momento y nace con otras necesidades.

¿Hoy un salón no necesita hacerse cargo de la visibilidad?

Para mí no. Un salón ayuda a la difusión de la obra, pero yo creo que hoy hay muchísima visibilidad, desde el plano virtual al plano físico, por más que no existan galerías. Pero cuando empezó a salir la gente a quejarse vi que se sigue en crisis con el tema de que quizás no se sienten incluidos en la escena si no están en un museo.

A lo mejor eso tiene que ver con el rol histórico de un museo. Acá se toma una decisión que es inherente al cambio de la función de dos instituciones: el Museo y el Salón. Esa decisión, ¿quién la toma?

El jurado, en función del nuevo reglamento.

¿Quiénes elaboran el nuevo reglamento?

Marcela Römer y equipo.

¿Ya en el nuevo reglamento está presente esta reformulación?

No. Dentro del jurado de selección, yo estoy en representación del Museo. De los 14 artistas, tres están instalados en Rosario. El porcentaje es exactamente el mismo de siempre. Hay una tucumana, artistas de distintas partes del país, aunque muchos vivan en Buenos Aires. No era la intención no mostrar la escena local. Decidimos plantear una selección diferente que responda a criterios más actuales, pero si nos mandaban 30 obras realmente premiables, las íbamos a aceptar. Eso no sucedió. Hay una cuestión, de la que yo responsabilizo a los artistas. Y es que si hubieran mandado la mejor obra que tenían, seguramente entraban. Otros, no. Mucha gente mandó también a este Salón. La idea de poner un jurado joven (todos estamos alrededor de los 30 años, yo tengo 33), que la propuso Marcela Römer, es que haya otro tipo de envío. Veníamos con envíos muy críticos, de nivel muy bajo. Creo que respondía al nivel del premio.

¿Solamente mandaban los que tenían un valor de mercado bajo?

Hay como una crisis de la producción que lleva a eso, no poder editar una obra como para un salón. Me daba mucha pena que el Salón estuviera en un nivel casi último dentro de los concursos de arte que hay: el Petrobras, el Itaú... A este Salón no mandaba mucha de la gente que a nosotros nos interesaba incorporar en la colección del museo.

¿Quién propuso mejorar los premios para levantar el nivel?

Lo propusimos el equipo curatorial: Leandro Comba, Marcelo Villegas, María de la Paz Carbajal y yo; ya veníamos hablando entre nosotros y con las coordinadoras Melania Toia y Florencia Lucchesi.

Hicieron esta vez un trabajo de curaduría del Salón.

Los tres (Iglesias, Villa y yo), aprovechando nuestras profesiones como curadores, ya que habíamos trabajado tan arduamente en la selección, y pensando en función del espacio, nos entusiasmamos con la idea de trasladarlo también a éso. Como ellos también formaban parte del jurado de premiación y entonces íbamos a seguir en contacto, trabajamos en esas semanas que hubo de tiempo entre que son comunicados los seleccionados y la obra llega, en posibles curadurías de toda esta obra. Y eso nos permitía también hacer transparentes esos diálogos que nosotros planteábamos en la propia selección, cómo se relacionaba una obra con otra, qué problemáticas planteaba. Y dentro de eso, el contacto con los artistas, que son todos artistas a los cuales podíamos llamar por teléfono y decirles: "A ver, ¿cómo se monta tu obra?", y repensarla en función del Salón. En algunos casos, por ejemplo la obra con Marisa Rubio, el montaje era de determinada manera, si ella planteaba dos plasmas se propuso una notebook, como que se trabajó una especie de curaduría, como se trabaja a nivel curatorial, cuando uno arma una exposición. Eso sería una instancia posterior a la de la selección.

Sí, estudiar la distribución de esas obras en el espacio...

Estudiar muy bien la distribución, los vínculos que hay entre las obras para ver qué relato arman a nivel visual y conceptual en la exposición del salón, que termina siendo también una muestra. Eso me parece que es una de las cosas que nos interesaba. Para que la obra se vea bien, tenía que estar enmarcada en cierto relato curatorial. Y decidimos que la muestra que quede de esto sea interesante, que la muestra tenga un recorrido y que cada obra tenga una visibilidad importante. Que esté bien expuesta y respetada cada obra. Un Salón con mucha obra muy diferente termina siendo una especie de bazar.